🌴🧠 Lunes de salud mental
· Ansiedad · Vacaciones · Burnout · Sueño · Verano
¿Por qué me siento peor al empezar las vacaciones?
Por fin se apaga el ordenador, disminuyen las reuniones y hay menos horarios.
Sin embargo, en lugar de sentirse mejor, algunas personas empiezan a notar
inquietud, insomnio, irritabilidad, cansancio o una extraña sensación de vacío.
Qué puede estar ocurriendo al empezar las vacaciones
En 60 segundos: en primer lugar, las vacaciones no son un tratamiento automático
para la ansiedad, el burnout, una depresión o una relación deteriorada.
Sin embargo, al bajar el ruido de la rutina, a veces se vuelve visible lo que llevaba meses
esperando dentro.
-
Por un lado, sentirse extraño durante los primeros días puede formar parte de la transición
entre un periodo de mucha activación y otro de menor exigencia. -
Además, las personas con mayor tendencia a preocuparse pueden experimentar
más malestar cuando permanecen inactivas o sin tareas concretas. -
Además, existe un fenómeno conocido popularmente como leisure sickness:
cansancio, cefalea, irritabilidad o malestar al empezar el descanso.
No es un diagnóstico médico formal y la evidencia aún es limitada. -
Por otra parte, las vacaciones pueden hacer visibles conflictos de pareja,
sobrecarga familiar, soledad, dificultades económicas o burnout previos. -
Por otra parte, existe un patrón menos frecuente de trastorno afectivo
estacional de inicio en verano, con insomnio, ansiedad, agitación,
irritabilidad o menor apetito. -
Por último, si el malestar es intenso, persiste, impide disfrutar o se acompaña
de ataques de pánico, consumo de sustancias, desesperanza o cambios llamativos
del sueño y la energía, conviene solicitar una valoración.
Claves para orientarse en el artículo
1) Descansar no es pulsar un interruptor
Para empezar, durante meses muchas personas funcionan en modo urgencia.
Despertador. Trabajo. Niños. Correos. Responsabilidades. Notificaciones.
Facturas. Recados. Decisiones. Más trabajo.
El cuerpo tarda en bajar el ritmo
El organismo se adapta a ese nivel de activación. Además, la agenda proporciona
estructura y mantiene la atención dirigida hacia fuera. Mientras existe algo
urgente que resolver, queda poco espacio para sentir el cansancio acumulado,
la soledad, la insatisfacción o el miedo.
Por eso, cuando la actividad se detiene, el cuerpo no pasa de inmediato
de “alerta” a “calma”. En algunas personas ocurre lo contrario:
al desaparecer la exigencia externa, se vuelve visible todo lo que llevaba
tiempo esperando dentro.
- agotamiento desproporcionado;
- necesidad de dormir mucho, pero sin descansar;
- inquietud al permanecer quieto;
- dolores musculares o cefalea;
- irritabilidad;
- molestias digestivas o síntomas de resfriado;
- ansiedad sin un motivo claro;
- dificultad para disfrutar;
- necesidad compulsiva de volver a hacer cosas.
Leisure sickness: un término útil, pero no un diagnóstico
En este sentido, el fenómeno se conoce popularmente como leisure sickness
o “enfermedad del ocio”. Por ejemplo, un estudio piloto clásico describió cefalea,
cansancio, dolores musculares, náuseas y síntomas gripales durante fines
de semana o vacaciones. Más recientemente, una encuesta representativa
realizada a 2.004 trabajadores alemanes encontró que el 19,3 % decía
experimentarlo de forma frecuente o constante.
Sin embargo, conviene interpretar estos datos con prudencia. El concepto
no está reconocido como un diagnóstico independiente y gran parte de la evidencia
es observacional. Además, no todo malestar durante un viaje tiene un origen
psicológico: cambios de horario, infecciones, calor, comidas distintas,
alcohol, desplazamientos o falta de sueño también pueden explicarlo.
¿Estoy adaptándome al descanso o mi cuerpo está mostrando el coste
de haber vivido demasiado tiempo al límite?
2) Cuando no hacer nada produce ansiedad
Por un lado, hay personas que saben trabajar, resolver, cuidar y rendir.
Sin embargo, no saben estar.
La inactividad deja más espacio a la preocupación
Cuando se sientan sin una tarea concreta, aparecen inquietud, culpa
o la necesidad inmediata de buscar estímulos. Entonces cogen el móvil,
revisan el correo, organizan otra actividad o anticipan todo lo que tendrán
que hacer al volver.
De hecho, un estudio publicado en mayo de 2026 analizó la relación entre preocupación
e inactividad mediante tres diseños: transversal, prospectivo y experimental.
Los resultados ofrecieron evidencia preliminar de que una mayor tendencia
a preocuparse se asocia con más malestar durante periodos de inactividad.
Los efectos fueron modestos y requieren replicación, pero el fenómeno resulta
clínicamente reconocible.
La actividad constante puede convertirse en evitación
En este sentido, en algunas personas descansar se siente casi peligroso. No porque el descanso
sea malo, sino porque la actividad constante había adquirido otra función:
evitar el contacto con determinadas emociones.
- El trabajo puede evitar pensar en la pareja.
- La agenda puede evitar sentir soledad.
- La productividad puede evitar preguntarse si uno está satisfecho.
- El cansancio puede evitar afrontar un duelo.
- El móvil puede evitar el silencio.
Por eso algunas personas no descansan cuando paran. Empiezan a escucharse
y no siempre les gusta lo que oyen.
3) “Debería estar disfrutando”: la presión de las vacaciones perfectas
Además, las vacaciones también tienen expectativas.
- Hay que viajar.
- Hay que estar feliz.
- Hay que aprovechar todos los días.
- Hay que hacer planes con los hijos.
- Hay que reconectar con la pareja.
- Hay que subir fotografías bonitas.
- Hay que volver descansado.
Cuando la realidad no coincide con la imagen ideal
Por tanto, cuanto más idealizada está la experiencia, más frustrante puede resultar
una realidad normal: calor, cansancio, niños aburridos, desplazamientos,
gastos, discusiones o días en los que simplemente no apetece hacer nada.
“Todo el mundo parece estar disfrutando menos yo.”
De hecho, en julio de 2026 EFE recogió el impacto emocional del verano en quienes
no pueden permitirse viajar. La combinación de calor, limitaciones económicas,
presión social y exposición a la vida aparentemente relajada de otras personas
puede aumentar irritabilidad, ansiedad, vergüenza y sensación de exclusión.
No poder viajar no es fracasar
En cambio, descansar no exige un hotel, un avión ni una fotografía junto al mar.
No obstante, cuando la comparación social se añade a una depresión,
una autoestima frágil o una situación económica difícil, el verano puede
convertirse en una temporada especialmente dolorosa.
El descanso es una necesidad psicológica y física. No es un producto
que solo pueda comprarse mediante un viaje.
4) Las vacaciones no siempre crean conflictos: a veces los revelan
Por lo general, durante el año muchas parejas y familias viven en modo logístico.
- ¿Quién recoge a los niños?
- ¿Quién compra?
- ¿Quién cocina?
- ¿Quién llega tarde?
- ¿Quién paga?
- ¿Quién recuerda la cita médica?
Se coordinan, pero no siempre se encuentran emocionalmente.
Más tiempo juntos no garantiza una mejor relación
En vacaciones desaparecen algunas obligaciones, pero aumenta el tiempo
de convivencia. Además, aparecen decisiones nuevas: cómo organizar el día,
cuánto gastar, cómo educar a los hijos, qué significa descansar
o cuánto espacio necesita cada persona.
De hecho, una entrevista publicada en El País en julio de 2026 lo resumía
de manera gráfica: las vacaciones no suelen crear los problemas familiares,
sino que les quitan el disfraz. Al disminuir el ruido cotidiano,
emergen conversaciones pendientes, necesidades no atendidas y diferencias
que la rutina ayudaba a esquivar.
Señales que merecen atención
- hostilidad persistente;
- desprecio;
- silencios prolongados;
- discusiones intensas delante de los hijos;
- control o violencia psicológica;
- sensación de miedo;
- incapacidad para acordar espacios personales;
- necesidad de mantenerse siempre ocupado para poder convivir.
En cualquier caso, discutir durante las vacaciones no significa automáticamente que la relación
esté rota. Sin embargo, más horas disponibles tampoco sustituyen la escucha,
el respeto y la reparación cotidiana.
5) Cuando el trabajo era también tu estructura emocional
El trabajo no solo proporciona ingresos. También ofrece horarios, identidad,
contacto social, objetivos y sensación de utilidad.
El vacío que aparece al dejar de producir
Por eso algunas personas sienten vacío al dejar de trabajar, incluso cuando
llevaban meses deseando hacerlo.
“¿Qué hago ahora?”
“¿Por qué no consigo relajarme?”
“¿Por qué me siento inútil si no produzco?”
“¿Por qué sigo mirando el correo?”
En particular, en profesionales muy exigentes, autónomos, directivos, sanitarios
o cuidadores, el trabajo puede ocupar tanto espacio que descansar
se experimenta como pérdida de control.
Cuándo pensar en ansiedad, burnout o perfeccionismo
- no poder estar unas horas sin revisar mensajes profesionales;
- sentir culpa por no producir;
- temer que todo se descontrole si no se responde;
- necesitar trabajar para no pensar;
- volver a la actividad antes de tiempo porque descansar resulta insoportable.
En este sentido, la dificultad para desconectar puede ser una manifestación
de ansiedad, burnout, perfeccionismo o una identidad demasiado vinculada
al rendimiento.
6) El sueño cambia y el sistema nervioso lo nota
Por lo general, durante las vacaciones cambian los horarios. Nos acostamos más tarde,
comemos a otras horas y, en algunos casos, aumentan el alcohol y las cenas pesadas.
Además, dormimos en una cama diferente, hay más ruido, más calor y menos estructura.
Quiénes pueden desestabilizarse con más facilidad
Para muchas personas estos cambios no suponen un problema. Sin embargo,
en quienes padecen insomnio, ansiedad, TDAH, depresión o trastorno bipolar,
perder completamente los horarios puede empeorar el estado mental.
Anclas sencillas para proteger el ritmo
- una hora de levantarse relativamente estable;
- exposición a luz natural por la mañana;
- actividad física moderada;
- comidas razonablemente ordenadas;
- un límite claro al móvil y al trabajo durante la noche.
Si toma medicación psiquiátrica, no cambie horarios, dosis
ni consumo de alcohol sin valoración profesional. El descanso no mejora
por suspender tratamientos ni por compensar el insomnio con más sedantes.
7) Sí: la depresión de verano existe
En general, la mayoría de las personas conoce la depresión estacional de invierno.
Sin embargo, existe un patrón menos frecuente en el que los episodios
aparecen en primavera o verano.
Qué síntomas pueden aparecer
En concreto, el trastorno afectivo estacional de patrón veraniego puede asociarse
especialmente a:
- insomnio;
- menor apetito;
- pérdida de peso;
- agitación;
- ansiedad;
- irritabilidad.
No todo bajo ánimo en julio es estacional
Por eso, para plantear este diagnóstico debe existir un patrón recurrente vinculado
a la estación. Además, hay que descartar otras explicaciones: calor,
falta de sueño, estrés económico, problemas de pareja, consumo de alcohol,
duelo, medicación o una depresión no estacional.
Si cada verano aparece un cuadro parecido, merece la pena comentarlo
con un profesional y revisar la cronología de años anteriores.
8) Un matiz importante en trastorno bipolar
Por otra parte, en algunas personas con trastorno bipolar, la primavera y el verano
pueden asociarse a episodios de hipomanía o manía.
No es simplemente “estar más animado”
- dormir mucho menos sin sentirse cansado;
- aumento llamativo de energía;
- aceleración del habla o del pensamiento;
- irritabilidad intensa;
- gasto impulsivo;
- consumo de sustancias;
- sexualidad desinhibida;
- grandiosidad;
- decisiones inusuales o arriesgadas.
Sin embargo, una persona puede atribuir estos cambios a la alegría del verano,
cuando en realidad está empezando una desestabilización del estado de ánimo.
Por tanto, si existe antecedente de bipolaridad o episodios similares,
no conviene esperar a que el cuadro se intensifique.
9) Ansiedad, burnout o depresión: cómo distinguirlos
Las fronteras pueden solaparse. Aun así, algunas pistas ayudan a orientar
la primera valoración.
Ansiedad en vacaciones
Predominan la inquietud, la anticipación, los síntomas físicos,
la necesidad de hacer algo y la incapacidad para apagar la mente.
Burnout
El agotamiento está muy vinculado al trabajo. Hay cansancio profundo,
distanciamiento, cinismo o pérdida de eficacia. Las vacaciones pueden
aliviar algo, pero no resuelven un problema organizativo mantenido.
Depresión
La pérdida de interés y placer se extiende más allá del trabajo.
No apetece viajar, ver a otras personas ni realizar actividades
antes significativas. Puede haber desesperanza, culpa e inutilidad.
Depresión estacional de verano
El patrón reaparece en la misma estación y suele incluir insomnio,
agitación, ansiedad, irritabilidad y cambios de apetito.
Conflicto relacional
El malestar aumenta especialmente durante la convivencia,
las decisiones compartidas o la ausencia de espacios individuales.
Transición normal
Existe incomodidad inicial, pero disminuye durante los primeros días
y no produce un deterioro relevante del sueño, la convivencia
o el funcionamiento.
Estas orientaciones no sustituyen una evaluación. De hecho,
es frecuente que existan varios factores a la vez.
10) Diez señales de que no es solo adaptarse a las vacaciones
Por tanto, conviene pedir ayuda cuando el malestar deja de ser transitorio
y empieza a condicionar la vida diaria.
Señales principales
-
1
La ansiedad no disminuye
Persiste después de varios días de descanso.
-
2
Aparecen ataques de pánico
O miedo intenso a salir, viajar o estar lejos de casa.
-
3
El insomnio persiste
O empeora de forma clara con el cambio de rutina.
-
4
No existe placer
Ninguna actividad resulta satisfactoria.
-
5
La irritabilidad daña la convivencia
Las discusiones son constantes o desproporcionadas.
-
6
Necesita sustancias para relajarse
Alcohol, cannabis o ansiolíticos se convierten en la única vía de calma.
-
7
Revisa compulsivamente el trabajo
Correo, mensajes o incidencias ocupan gran parte del día.
-
8
Aparece vacío al no producir
La persona se siente inútil o pierde su sentido de identidad.
-
9
Cambian de forma llamativa el sueño y la energía
Especialmente si hay impulsividad, aceleración o conducta arriesgada.
-
10
Surgen ideas de muerte o autolesión
Requieren atención urgente y no deben esperar al final del verano.
Si aparecen ideas de suicidio, autolesión, desorganización grave,
intoxicación o riesgo inmediato, llame al 112 o acuda a Urgencias.
En España también está disponible la línea 024.
11) Protocolo de aterrizaje: las primeras 72 horas
Pasar de un ritmo muy alto a cero puede resultar difícil. Por eso,
conviene diseñar una transición en lugar de exigirse relajación inmediata.
-
Antes de terminar de trabajar
Cierre los asuntos esenciales, delegue lo posible y active un mensaje
de ausencia claro. Evite dejar todos los temas pendientes para el último día. -
Primeras 24 horas
No se exija estar feliz ni relajado. Mantenga una hora razonable
de levantarse, coma de forma regular y haga movimiento suave. -
Entre las 24 y las 48 horas
Establezca límites digitales. El correo profesional solo debería
consultarse si existe una verdadera necesidad pactada, no por reflejo. -
Entre las 48 y las 72 horas
Observe qué aparece al bajar el ritmo: cansancio, preocupación,
tristeza, vacío, irritabilidad, problemas de pareja o alivio. -
Usar el malestar como información
No lo juzgue inmediatamente. En lugar de preguntarse
“¿por qué no sé disfrutar?”, pruebe con: “¿qué llevaba meses sin escuchar?”.
12) Si no puedes viajar, todavía puedes descansar
En primer lugar, el descanso no depende exclusivamente de desplazarse.
Vacaciones psicológicas de bajo coste
- tiempo protegido sin trabajo;
- paseos en zonas verdes o junto al agua;
- actividad física moderada;
- comidas con personas significativas;
- una reducción real de notificaciones;
- sueño más regular;
- actividades sin objetivo productivo.
Además, una revisión de segundo orden publicada en Nature Human Behaviour
en 2026 integró 116 revisiones sistemáticas y 3.870 estudios primarios.
Sus resultados asociaron las intervenciones basadas en naturaleza
con reducciones de ansiedad, síntomas depresivos y afecto negativo,
aunque los autores señalaron limitaciones metodológicas y la necesidad
de comparadores activos más sólidos.
Por último, no hace falta convertir el descanso en otro proyecto perfecto.
Una tarde tranquila, un paseo o un día sin obligaciones también pueden
ser vacaciones psicológicas.
13) Qué puede hacer una pareja o una familia
Antes de empezar las vacaciones conviene hablar, al menos, de tres asuntos.
Qué significa descansar para cada uno
Para una persona puede ser no hacer nada. Para otra, salir y conocer lugares.
Ninguna opción es incorrecta, pero deben negociarse expectativas realistas.
Cómo se repartirán las tareas
Las vacaciones de los hijos no deberían convertirse automáticamente
en más trabajo invisible para uno de los adultos.
Cuánto espacio individual necesita cada persona
Estar de vacaciones juntos no significa pasar todas las horas juntos.
El espacio personal también protege la convivencia.
Además, conviene evitar una expectativa imposible: compensar en dos semanas
todos los problemas acumulados durante el año. Las vacaciones pueden crear
oportunidades de conexión, pero no sustituyen el trabajo relacional cotidiano.
14) Cómo puede ayudar una consulta online
La ansiedad en vacaciones suele aparecer lejos de la consulta habitual.
Precisamente por eso, una valoración online puede resultar útil cuando
el estado clínico, la localización del paciente y la naturaleza del problema
permiten una atención segura por videoconferencia.
Qué puede valorarse
- diferenciar ansiedad, burnout, depresión o insomnio;
- revisar medicación y hábitos;
- valorar si existe un patrón estacional;
- identificar señales de hipomanía;
- ordenar conflictos familiares;
- diseñar un plan para el resto del verano;
- decidir si hace falta psicoterapia, seguimiento psiquiátrico o atención presencial.
En cualquier caso, no siempre será necesario medicar. En ocasiones, lo más útil es comprender
el patrón, recuperar el sueño, reducir el alcohol, establecer límites laborales
y diseñar una transición más saludable.
Además, consultar tampoco convierte a nadie en “una persona enferma”.
Un diagnóstico, cuando existe, puede orientar el tratamiento,
pero nunca debería resumir quién es la persona.
Lectura relacionada:
Calor, ansiedad e insomnio: salud mental y psicofármacos
Si el sueño ha empeorado:
Medicamentos que pueden quitarte el sueño
Para solicitar valoración:
consulta de psiquiatría online y presencial
15) Conclusión: cuando parar revela lo que la rutina ocultaba
Para concluir, las vacaciones no son un examen de felicidad.
- No tiene que disfrutarlas de una forma concreta.
- No tiene que viajar.
- No tiene que estar disponible.
- No tiene que recuperar en diez días todo el cansancio del año.
Sin embargo, si al bajar el ritmo aparecen ansiedad intensa, insomnio,
vacío, depresión o conflictos que ya no puede ignorar, quizá las vacaciones
no sean el problema.
Quizá estén mostrando el problema.
Cuando el ruido externo baja, a veces sube el volumen interno.
Escucharlo a tiempo puede evitar volver en septiembre al mismo lugar
del que necesitaba escapar.
Preguntas frecuentes
Adaptación al descanso y leisure sickness
¿Es normal sentir ansiedad al empezar las vacaciones?
En primer lugar, puede ocurrir durante los primeros días, especialmente después
de periodos de mucha exigencia. Merece valoración cuando la ansiedad
es intensa, no disminuye, altera el sueño o impide disfrutar y funcionar.
¿Qué es la leisure sickness o enfermedad del ocio?
En concreto, es un término popular para describir cansancio, cefalea, irritabilidad
u otros síntomas que aparecen durante fines de semana o vacaciones.
No es un diagnóstico médico formal y su evidencia científica es limitada.
¿Por qué me pongo enfermo justo cuando dejo de trabajar?
Por una parte, puede influir la transición brusca desde un periodo de estrés,
aunque también deben considerarse viajes, calor, cambios de sueño,
infecciones, alcohol o alimentación. No conviene atribuir automáticamente
todos los síntomas a la ansiedad.
¿Por qué no consigo relajarme cuando no tengo nada que hacer?
De hecho, la inactividad puede dejar más espacio para la preocupación,
la rumiación y emociones que la actividad mantenía apartadas.
Un estudio de 2026 encontró una asociación entre tendencia a preocuparse
y mayor malestar durante la inactividad.
Depresión, pareja y señales para pedir ayuda
¿Existe la depresión de verano?
Sí. En particular, existe un patrón menos frecuente de trastorno afectivo estacional
que comienza en primavera o verano. Puede incluir insomnio, ansiedad,
irritabilidad, agitación y menor apetito.
¿Las vacaciones pueden empeorar una relación de pareja?
Por otra parte, pueden hacer más visibles conflictos y necesidades que la rutina
mantenía en segundo plano. Más tiempo juntos no garantiza por sí solo
una mejor comunicación.
¿Cuándo debería pedir ayuda?
Cuando el malestar persiste con intensidad, afecta al sueño
o la convivencia, aparecen ataques de pánico, pérdida de interés,
consumo para relajarse, grandes cambios de energía o ideas de muerte.
Medicación, consulta online y descanso sin viajar
¿Debo cambiar mi medicación durante las vacaciones?
No. Por tanto, no modifique horarios o dosis de psicofármacos sin consultarlo
con el profesional que los indicó, especialmente si toma litio,
antidepresivos, antipsicóticos, benzodiacepinas o estabilizadores del ánimo.
¿La consulta online puede ayudar aunque esté de viaje?
En general, en muchos casos sí, siempre que la localización, el estado clínico
y la naturaleza del problema permitan una atención segura por videoconferencia.
Si existe una urgencia, intoxicación, riesgo suicida o descompensación grave,
se requiere atención presencial.
¿Qué puedo hacer si no puedo permitirme unas vacaciones?
Por último, proteger tiempo de descanso, reducir disponibilidad laboral,
recuperar sueño, salir a espacios verdes o azules y limitar
la comparación social puede ayudar. No viajar no significa
no tener derecho a descansar.
16) ¿Han empezado sus vacaciones y se siente peor en lugar de descansar?
¿Se siente ansioso, vacío, irritable o incapaz de desconectar?
¿Duerme peor, revisa continuamente el trabajo o nota que la convivencia
se deteriora al pasar más tiempo juntos?
Por eso, una valoración temprana puede ayudar a diferenciar ansiedad, burnout,
depresión, insomnio o un patrón estacional y diseñar un plan antes
de que el malestar se cronifique.
Ansiedad · Burnout · Depresión · Insomnio · Pareja ·
Trastorno bipolar · Lleida y online
17) Fuentes y lecturas para profundizar
En primer lugar, estos estudios y fuentes de contexto fundamentan la relación
entre vacaciones, preocupación, inactividad, conflictos familiares,
desigualdad económica, naturaleza y bienestar psicológico.
Evidencia sobre preocupación, descanso y relaciones
Preocupación y malestar durante la inactividad
De hecho, tres estudios —transversal, prospectivo y experimental— aportan
evidencia preliminar de una asociación entre tendencia a preocuparse
y mayor malestar durante periodos de inactividad.
Estrés y ansiedad cuando no es posible irse de vacaciones
Por otra parte, varias expertas analizan el efecto del calor, las limitaciones económicas,
la presión social y la comparación en redes sobre el bienestar emocional.
Las vacaciones no crean los problemas familiares: los revelan
En concreto, la entrevista explica cómo el aumento de convivencia, la reducción
de distracciones y las expectativas elevadas hacen visibles
tensiones previas de pareja y familia.
Naturaleza, bienestar y patrón estacional
Intervenciones basadas en naturaleza y salud mental
Además, esta revisión de segundo orden integra 116 revisiones sistemáticas
y 3.870 estudios primarios sobre estrés, ansiedad y depresión.
Efectos de las vacaciones sobre salud y bienestar
En cambio, este metaanálisis encontró una mejora pequeña durante las vacaciones
y una reducción rápida de parte del beneficio tras volver al trabajo.
Trastorno afectivo estacional de patrón veraniego
Por último, este recurso ofrece información clínica sobre el patrón estacional de verano,
sus síntomas y la necesidad de evaluar la recurrencia estacional.
Nota: en cualquier caso, este artículo es divulgativo y no sustituye
una valoración médica, psiquiátrica o psicológica individual.
Si aparecen ideas de suicidio, autolesión, intoxicación, síntomas psicóticos,
agitación grave o riesgo inmediato, llame al 112 o acuda a Urgencias.
En España también está disponible la línea 024.
Por otra parte, la videoconsulta puede ser apropiada en algunos casos, pero depende
de la localización del paciente, el estado clínico y la posibilidad
de ofrecer una atención segura. Las urgencias requieren valoración presencial.

